Le fortias militar de Egypto es le factor le plus importante pro decider le sequente passo in le evolution politic del pais.

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Con respecto al crise politic de Egypto, expertos e analystas generalmente crede que il es precisemente le fortias armate que essera le factor decisive pro determinar le curso del evolution politic in le futuro de ille pais. Un del questiones que remane in le aire, nonobstante, es si omne le soldatos de Egypto va a appoiar le mesme faction politic. Le ambivalentia del fortias armate suggere que il ha fissuras in su rangos. In iste momento, le militares se limita a interponer se inter le differente factiones in le conflicto.

Le fortias armate de Egypto frue de un enorme prestigio in le pais, e in iste momento illes non pare disponite a appoiar ulle ex le factiones que compete in le rebellion.

Recentemente, durante le demonstration le plus massive contra Mubarak usque nunc, un portavoce del armea diceva que illo non utilisarea armas de foco contra le manifestantes.

Le die sequente, post le annuncio que Mubarak non essera un candidato al reelection in septembre, le mesme representante militar exigeva le dismobilisation de su criticos de maniera que le pais poteva retornar al normalitate.

Post un breve periodo de tempore, il deveniva progressivemente plus difficile determinar le position del militares post que un gruppo de partisanos de Mubarak initiava su proprie manifestation, lo que provocava un nove confrontation con su oppositores, e le soldatos non faceva ullo pro interrumper iste demonstration.

Il anque es importante memorar que in medio de iste crise le commandantes militar ha lor proprie interesses a defender. Iste functionarios recipe multe prestigio e beneficios de lor positiones in le armea, e illes vole terminar iste crise sin perder ulles ex lor privilegios social e economic.

Un exemplo de iste prestigio esseva le benvenita que illes recipeva del personas qui se manifestava pro exiger le demission de Mubarak.

Un altere factor que on debe considerar es le linea directe que le fortias militar de Egypto ha con Washington. Le armas pesante que illos utilisa es de origine american, e illes non vole alienar Washington e, possibilemente, cortar iste importante fonte de su equipamento militar.

Assi, detra omne iste compromissos del militares existe naturalmente un panorama complexe de pesos e contrapesos in le apparato de securitate del pais.

Durante su tres decadas in le poter, Mubarak ha habite su proprie personal de securitate pro garantir su continuitate in le poter, includente le guardia presidential, le Haras de Gumhuriya, cuje membros se distingue per su berets blau.

Un altere organisation timite es le policia de securitate del stato, cognoscite como le Amn al-Dawla, que ha disveloppate un reputation pro le violation del derectos human in multe occasiones. E ben que Egypto nega ulle complicitate in le tortura, il non ha dubito que le timor a cader in le manos de interrogatores brutal del governamento ha adjuvate a mantener le presidente in le poter.

Ma il pare que le personas qui se oppone al administration de Mubarak ha le appoio del armea, que ha adjuvate a multes ex illes a superar le timores del policia de securitate del stato.

Ma totevia il ha fortias occulte que ha un interesse in mantener le status quo create post le declaration del stato de emergentia ante 30 annos, mesmo si cade Mubarak.

Omne iste factores forma parte de un equation politic instabile in Egypto, e un cambio legier in ulle de illos poterea causar un disstabilisation que poterea eventualmente producer un guerra civil in ille pais.

Las fuerzas militares de Egipto son el factor más importante para decidir el siguiente paso en la evolución política del país.

Con respecto a la crisis política en Egipto, expertos y analistas generalmente creen que son precisamente las fuerzas armadas que serán el factor decisivo para determinar el curso futuro de la evolución política en ese país. Una de las preguntas que permanecen en el aire, sin embargo, es si todos los soldados de Egipto van a apoyar la misma facción política. La ambivalencia de las fuerzas armadas sugiere que hay grietas en sus filas. De momento, los militares se limitan a interponerse entre las diferentes facciones en el conflicto.

Las fuerzas armadas de Egipto disfrutan de un enorme prestigio en el país, y por ahora, no parecen estar dispuestos a opponer cualquiera de las facciones que compiten en la rebelión.

Recientemente, durante la demostración más masiva contra Mubarak hasta ahora, un portavoz del ejército dijo que no se utilizarían armas de fuego contra los manifestantes.

Al día siguiente, tras el anuncio de que Mubarak no será candidato para reelección en septiembre, el mismo representante militar pidió la desmovilización de sus críticos para que el país pudiera volverse a la normalidad.

Después de un rato, se hizo cada vez más difícil determinar la posición de los militares después de que un grupo de partidarios de Mubarak inició su propia manifestación, lo que provocó un nuevo enfrentamiento con sus opositores, y los soldados no hicieron nada para interrumpir esta demostración.

También es importante recordar que en medio de esta crisis los comandantes militares tienen sus propios intereses que defender. Estos funcionarios reciben mucho prestigio y beneficios de sus cargos en el ejército, y quieren poner fin a esta crisis sin perder ninguno de sus privilegios sociales y económicos.

Un ejemplo de este prestigio fue la bienvenida que recibieron de las personas que se manifestaban para exigir el derrocamiento Mubarak.

Otro factor que debe tenerse en cuenta es la línea directa que las fuerzas militares de Egipto tienen con Washington. Las armas pesadas que utilizan son de origen americano, y no quieren alienar a Washington y, posiblemente, cortar esta importante fuente de su equipo militar.

Así es que detrás de todos los compromisos de los militares existe naturalmente un panorama complejo de pesos y contrapesos en el aparato de seguridad del país.

Durante sus tres décadas en el poder, Mubarak ha tenido su propio personal de seguridad para garantizar su continuidad en el poder, incluyendo la guardia presidencial, el Haras de Gumhuriya, cuyos miembros se distinguen por sus boinas azules.

Otra organización temida es la policía de seguridad del estado, conocido como el Amn al-Dawla, que ha desarrollado una reputación por la violación de los derechos humanos en muchas ocasiones. Y aunque Egipto niega cualquier complicidad con la tortura, no hay duda de que el miedo a caer en las manos de interrogadores brutales del gobierno ha ayudado a mantener al presidente en el poder.

Pero parece que las personas que se oponen a la administración de Mubarak tienen el apoyo del ejército, que ha ayudado a muchos de ellos a superar los temores de la policía de seguridad del estado.

Pero todavía hay fuerzas ocultas que tienen interés en mantener el status quo creado a partir de la declaración del estado de emergencia hace 30 años, incluso si cae Mubarak.

Todos estos factores forman parte de una ecuación política inestable en Egypto, y un ligero cambio en cualquiera de ellos podría causar una desestabilización que podría llegar a producir una guerra civil en ese país.

Egypt’s military forces are the most important factor in deciding the next step in the political evolution of the country.

Regarding the political crisis in Egypt, experts and analysts generally believe that it is precisely the armed forces that will be the deciding factor in determining the future course of political developments in that country. One of the questions that linger in the air, however, is whether all of the soldiers of Egypt will support the same political faction. The ambivalence of the armed forces suggests that there are cracks in its ranks. For now, the military is limited to standing between the different factions in the conflict.

The armed forces of Egypt enjoy enormous prestige in the country, and right now they don’t seem willing to support any of the competing factions in the rebellion.

Recently, during the most massive demonstration against Mubarak up to now, a spokesman for the army said that no firearms would be used against the protesters.

The next day, after the announcement that Mubarak will not be a candidate for reelection in September, the same military representative asked for the demobilization of his critics so that the country could be returned to normal.

After awhile, it became increasingly difficult to determine the military’s position after a group of Mubarak’s partisans started their own demonstration, provoking a new clash with his opponents, and the soldiers did nothing to interrupt this demonstration.

It is also important to remember that in the middle of this crisis the military commanders have their own interests to defend. These officers receive a lot of prestige and benefits from their positions in the army, and they want to end this crisis without losing any of their social and economic privileges.

An example of this prestige was the welcome they received from the people who were demonstrating to demand the overthrow Mubarak.

Another factor that should be kept in mind is the direct line that Egypt’s military forces have with Washington. The heavy weapons that they use are of American origin, and they don’t want to alienate Washington and possibly cut off this important source of their military equipment.

So behind all these compromises by the military there is naturally a complex panorama of weights and counterweights in the entire security apparatus of the country.

During his three decades in office, Mubarak has had his own security personnel to insure their continuation in power, including the presidential guard, the Haras to Gumhuriya, whose members can be distinguished by their blue berets.

Another dreaded organization is the state security police, known as the Amn al-Dawla, which has developed a reputation for violating human rights on many occasions. And although Egypt denies any complicity in torture, there is no doubt that the fear of falling into the hands of brutal government interrogators has helped keep the president in power.

But it appears that the people who are opposing Mubarak’s administration have the support of the army, which has helped many of them overcome the fears of the state security police.

But there are still hidden forces that have an interest in maintaining the Status quo created after the declaration of emergency rule thirty years ago, even if Mubarak falls.

All of these factors form part of an unstable political equation in Egypt, and a slight change in any of them could cause a destabilization that could eventually produce a civil war in that country.

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